Hoy se ha efectuado tu funeral y el homenaje de un pueblo hacia ti. Han pasado 12 días desde que sucedieron los hechos que se llevaron tu vida y la de veinte personas más. Tomé conocimiento del accidente mientras estaba junto a mi esposa en nuestro local de artesanía. Inicialmente supe que era un avión de la FACH y paulatinamente me entero que en él ibas tú también. El impacto no fue tanto para mí, porque no había un conocimiento completo de lo que estaba sucediendo, y además, porque no eras una persona que tenía mi completa atención.
Cerca de las 20.00 horas de ese día cerramos el local y nos dirigimos a nuestra casa. No tuvimos mayor información del accidente en el transcurso de nuestro viaje, ocasionalmente una radioemisora del auto en que viajabamos mencionaba algo. Ya en nuestra casa nos enteramos más a fondo de lo sucedido a través de la TV y con ello se daría comienzo a una serie de días que vendrían acompañados de gran tristeza, rabia, sentimientos encontrados y una amplia variedad de sentimientos.
Conforme se van conociendo detalles de lo sucedido y la sentencia pronunciada de que no habría sobrevivientes, la televisión nos comienza a mostrar la vida que ustedes llevaban, sus bondades, vuestra generosidad y, en general, nos muestran a ustedes como personas. Para el caso mío y respecto de ti, tal como lo indiqué anteriormente, no eras una persona que llamara mi atención porque no tenía como costumbre ver el canal de televisión donde tú trabajabas. Tampoco me preocupaba de ver tus programas nocturnos o no leía alguna entrevista que te hubieren hecho, en resumen, mi actitud hacia ti fue guiada por el comentario fácil y mal intencionado de algunos medios y personas –que quizás hoy dejan caer algunas lagrimas- y por mi actitud de prejuzgador, que no se preocupó de ver a la persona que había en ti.
Como nunca lo había hecho antes con alguna noticia, me preocupé de seguir todos estos aciagos acontecimientos en uno u otro canal de televisión, pero en especial en Televisión Nacional, que fue tu hogar. Me mostraron tus obras, tus gracias, tus alegrías, tus penas, tus comentarios, lo que provocabas en las personas, tus bondades, en fin, se encargaron cada día de mostrarme la verdadera persona que fuiste.
Nunca pensé que podría ser un show todo lo que tus compañeros mostraban o decían, tampoco lo que indicaban distintas personas que lograron estar contigo en alguna parte de Santiago o algún lugar del país. Detrás de sus palabras o imágenes, había un dolor inmenso junto a una incomprensión y disconformidad total.
Me bastaron dos días para cambiar mi pensamiento hacía ti. Una rabia enorme creció hacia mí mismo por no darme el trabajo –en su oportunidad- de conocerte. La hermana de mi esposa nos dijo varias veces, que eras una linda persona. Pero no creí(mos). Mi rabia aumentaba conmigo mismo, y por los hechos que deben suceder para lograr conocer y reconocer que tenemos gente linda entre nosotros.
Después de conocer tu obra y la de otros que iban junto a ti en el avión, se empieza a cuestionar la existencia de ese Dios que nos ama. ¿Por qué se debe ir de este mundo una persona que puede seguir ayudando, alegrando y dando vida a través de una pantalla? Mi esposa contesta de esta manera: “…los humanos no comprendemos los tiempos de Dios, y él decidió que ellos ya habían cumplido su labor”. También me señala y repite lo que una niña paraguaya le dijo: “…Dios consideró que eran jóvenes y buenos a la vez, por ello, los tomó antes de que se contagiaran y los llevó junto a él. Los tomó de tal manera que lo único que llegó a caer al mar fueron sólo cuerpos… el alma ya estaba con Dios”.
Me duele no haberte conocido y valorado antes. Me molesta ser prejuzgador. No tengo ni tendré la posibilidad de decírtelo personalmente –o quizás lo haré en otros tiempos- pero te pido perdón, perdón por lo que sentí y dije, sin conocerte mal hablé de ti. Me duele que hayas muerto y que sobreviva una gran cantidad de personas que vivía con tu felicidad. Realmente me duele que deban suceder catástrofes para reconocer a los buenos que hay junto a nosotros, pero también espero que estos hechos nos ayuden a mejorar nuestra relación como país.
Muchas gracias Felipe… nuevamente te pido miles y miles de perdones esperando que te encuentres bien, que estés disfrutando tu nuevo status y que no olvides darnos una mano para ser mejores.




... y lindo tú, que te has tomado el tiempo de descanso para escribir este último adiós a Felipe Camiroaga.
Los dos hicimos el pacto de no prejuzgar nunca más a las personas. Sin duda, nos hará, aunque sea en un ínfimo porcentaje, mejores personas.
Te quiero mi amor.
René, los felicito por compartir estos pensamientos a los que de un día para otros ustedes les abrieron un lugar en sus corazones.
Los felicito también por la nobleza de reconocer pequeños errores, que por aquí o por allá, tod@s alguna vez cometemos. Pero no tod@s son tan grandes como para reconocerlo y decirlo con la crudeza de ustedes. Con eso, ya están absueltos de cualquier culpa que puedan sentir. Ya Felipe, la Prima y tú van de la mano... todo es nuevo, tiempo de comenzar con otras cosas, con otras formas de vivir la vida, con otras formas de hacer, de amar, de pensar y sentir.
Muchos cariños y arriba los corazones...
Mónica
¡Linda, Mona! De verdad que hubo cambios. Siento una limpiecita de corazón, que me permite sembrar nuevas esperanzas de crecimientos, por si... por si existe la reencarnación y no nos pille a poto pelao.
Lindo lo que escribió mi Renecito. Yo no pude escribir nada acerca de Felipe, sólo me limité a sentirlo, a reflexionar sobre su muerte y no podía empezar ningún escrito sin mojar el teclado. Ahora más serena... me cuido de encontrar cosas sobre él, porque vuelvo a impresionarme.
Te quiero hermanita, te quiero, marido mío...